PRESENTACION          DISTRIBUCIÓN ESPACIAL       ARQUITECTO
 
     
"Abriré sobre los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas.” (Isaías 41, 18)   "Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: «Dame de beber,...». Entonces le dijo la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí,..». Jesús le respondió: «¡Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ´Dame de beber´, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva!»” (San Juan 4, 7.9-10)
 
¡Bienvenidos al Pabellón de la Santa Sede!


La Santa Sede se complace en darles la bienvenida a su Pabellón en Expo Zaragoza 2008. Desde siempre, la Iglesia ha manifestado su interés por la naturaleza, obra del Creador, y por los seres humanos vistos como personas, hombre y mujer, creados a imagen de Dios y dotados de una dignidad inviolable. Por eso, los cristianos se han manifestado en todo momento a favor de las causas que fomentan el respeto al medio ambiente y han alertado sobre los peligros de la sociedad tecnológica, la cual, en nombre de la ciencia y de la tecnología, podría atentar contra el ser del hombre y del mundo.

El agua es un tema de vital importancia para la Iglesia, y con frecuencia aparece como símbolo tanto en la Palabra de Dios como en la propia vida eclesial. El agua simboliza la vida concedida por Dios a la naturaleza y a los hombres. Los textos cristianos están llenos de alusiones a la influencia vivificante del agua, uniendo ésta a la acción creadora y salvífica de Dios. La Iglesia nos muestra el poder vivificador del Espíritu Santo, que actúa a través del poder vivificante del agua, creatura elegida por Dios para dar al hombre, por medio del Bautismo, su configuración con Cristo, Agua Viva.

Ahora bien, el agua nos indica en sí misma su principio original y, al mismo tiempo, su lugar primordial en la vida del hombre. Como ciudadanos del mundo globalizado en el que vivimos, los católicos conocemos también los problemas e injusticias de este mundo que vive y sufre la necesidad y la falta del agua. Como ya ha señalado el Papa Benedicto XVI en varias ocasiones "el agua es un derecho inalienable”. La doctrina social de la Iglesia nos recuerda la ‘responsabilidad compartida’ de gestionar bien este ‘recurso precioso’ para permitir que "todos puedan tener acceso al agua, en particular, quienes viven en condiciones de pobreza”.

El derecho al agua es ‘un imperativo moral y político’, especialmente en un mundo que dispone de niveles de conocimiento y de tecnologías capaces de acabar con las situaciones de escasez de agua. Todos estamos llamados a modificar nuestra manera de vivir en un esfuerzo educativo capaz de restituir a este bien común de la humanidad el valor y el respeto que merece.